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jueves, 14 de julio de 2011
La importancia de las redes sociales
He aquí un video que muestra la importancia de las redes sociales la sociedad en la que vivimos. Sorprende ver las cifras y ver qué necesidad tenemos de entrar en este mundo. Si quieres algo más en la vida o si una empresa quiere darse a conocer, imprescindible entrar en la web 2.0
miércoles, 15 de octubre de 2008
¡Criaturitas!

(Foto: The Flying Ramayotze)
Una de las cosas que pienso cuando me preguntan cuándo voy a tener hijos es que hasta que el destino no me obsequie con un trabajo estable, la cosa está francamente cruda. Porque tener un hijo, digo yo, debe ser como comprarse un piso: hasta que no pasan al menos 30 años no acabas de pagarlo. Bueno, en el caso del piso, si te cansas de él o no puedes mantenerlo puedes venderlo e irte a vivir bajo un puente…
Pero al margen del tema económico y de los gastos que puede conllevar un piso… Digo un hijo, no es una cosa que puedes tener y luego, cuando te arrepientes, deshacerte de él y arrumbarlo en el armario. Un hijo es un tema muy serio. Sin embargo, y a pesar de ser tan serio no hay ningún manual de instrucciones que nos ayude a afrontar semejante aventura. Tenemos a nuestros padres, que bastante han tenido con aguantarnos, a hermanos o hermanas que ya tienen prole o al resto de gente, que te cuenta batallitas y remedios mágicos. Pero, ¿Cómo se coge a un niño cuando es recién nacido?¿Cómo se le limpia el culito con una mano mientras con otra lo agarras, con otra le pasas la toallita y si te queda alguna, te tapas la nariz?¿Y si no quiere comer?¿Y su primer día de cole?¿Y cuando llegue tarde un sábado por la noche, apestando a alcohol y a lo que no es alcohol?¿Y cuando te dice, “papá, tengo novio o novia”?¿Y cuando se queda embarazado/a y entonces te pregunta…”Me podéis explicar cómo lo hicisteis conmigo”?
Por suerte, hay psicólogos y pedagogos y demás salvadores que estudian y publican libros donde más o menos dan pistas sobre cómo hacerlo. El Doctor Estevill, por ejemplo se centra en el sueño de los hijos (que no es moco de pavo cuando es recién nacido/a), o el psicólogo y pedagogo Javier Urra, que en su día escribió un libro sobre los pequeños dictadores o el último que ha publicado: ¿Qué ocultan nuestros hijos?
Yo aún no tengo hijos, pero el otro día me tragué sin apenas respirar el programa de CNN+Cara a cara en el que Antonio San José entrevistó a este gran hombre que se preocupa por los padres y los hijos de los padres. Explicó cosas muy interesantes que aparecen en su libro sobre el comportamiento de los hijos; sobre qué esconden a los padres pero también sobre qué esconden los padres a sus vástagos. Está claro y más que estudiado que hay una falta tremenda de comunicación entre unos y otros. Que la meta del padre-amigo es una patraña utópica del todo desaconsejable. Que el camino se hace caminando y se aprende sobre la marcha porque meter la pata será inevitable y todos los caminos son distintos. Javier Urra relató varios ejemplos desgarradores de niños que salen de casa para fingir que tienen amigos, o padres que ocultan las dificultades económicas a sus hijos. Excesiva sobreprotección…
Fue una entrevista muy interesante e instructiva pero que no consiguió quitarme el canguelo del cuerpo. Así que cuando me llegue la hora ¿qué? Pues creo que asaltaré a mano armada todas las bibliotecas de la ciudad y me compraré todo libro que pille sobre hijos y demás seres diminutos. Porque está claro que hay que aprender sobre la marcha y confiar en que la providencia nos guiará por el buen camino.
miércoles, 2 de julio de 2008
Grandes misterios de la humanidad (Parte I)
Solucionado ya el galimatías de Mariano Rajoy en su partido y en vistas que el buen hombre ya parece tener las riendas del mismo en sus manos, y dado que hoy estoy con ánimo literato, voy a abordar un tema si no tan polémico, sí con gran importancia en cuanto al rol de los seres humanos que convivimos en este planeta: ¿Porqué los hombres dejamos siempre la gotita en la taza del váter una vez acabada la micción?Se que es un tema baladí y un tanto frívolo, después de haber abordado temas más candentes, pero qué se le va a hacer, el verano y el calor imponen temas con menos peso político.
El caso es que el otro día, bajé al servicio de la oficina y antes de levantar la tapa del susodicho observé que estaba limpio como una patena gracias a la gran labor social de la chica de la limpieza que nos asea la oficina y las demás dependencias de nuestro lugar de trabajo. Al levantar la tapa no puede menos que agradecer su tarea y quedar preocupado por no querer estropear el trabajo bien hecho. Pero la fisiología es la fisiología así que mientras pensaba en la limpieza, comencé a desaguar la vejiga.
Observando el trazo parabólico de la orina saliendo por donde tenía que salir me di cuenta que un hombre tiene que ser muy, pero que muy torpe como para no acertar a mear dentro del gran agujero del váter. El líquido cae y rebota limpiamente contra la pared posterior del mismo y resbala hasta llegar al fondo, donde se almacena de forma ordenada. Pensé pues, que la única zona propensa a ensuciarse son las mismas paredes de la taza, pero no el borde superior y exterior de la misma. Pero claro, si el hombre en cuestión que está meando no se encuentra en situación normalizada, entonces sí que es posible que el chorrito pueda salir fuera. Pero yo creo que esta situación no normalizada (cogorza, falta de equilibrio, desconcentración, sueño o todo a la vez) no debe suponer un porcentaje muy alto en relación con las veces que el ser humano masculino mingita durante el día. Así pues ¿Porqué los hombres siempre dejamos la penúltima gotita en el borde de la taza del váter? (Y digo la penúltima porque la última queda en lo que se suele decir como la verdad de San Antón: la última gota al pantalón).
Terminada la faena toca la higiene, lo que para muchos significa dar unas pequeñas sacudidas para que las últimas gotas rezagadas caigan en la taza. Creo yo, que es en este momento cuando éstas mismas se niegan a caer en el interior y en un gesto de rebeldía, tal vez porque no quieran abandonar la seguridad y tranquilidad del cuerpo humano, o bien porque gota es femenino y desean dejar en ridículo al Homo Sapiens masculino (o de Cromagnon, en algunos casos), caen donde no deben caer. Cuando vi el destino de estas gotas descubrí la gran verdad eterna: Los hombres siempre dejan (yo ya no, porque aprendí la lección) las gotitas en el borde de la taza del váter porque ¡¡¡son tan perros que no se detienen a limpiarse a sí mismos con un trozo de papel higiénico y son tan vagos que no tienen la delicadeza de utilizar otro trozo para repasar el borde y dejarlo impoluto!!!
Así que ahora entiendo el malestar de muchas parejas del sexo opuesto a los hombres ante el hecho constante de que éstos dejen el regalito para que cuando ellas vayan a utilizar el váter se acuerden del niño y de sus madres, que a su vez son sus suegras y que tanto las quieren.
MORALEJA: ¿Qué pasaría si nuestras parejas femeninas nos dejaran sus compresas recién usadas encima de la taza del váter para que nosotros las quitáramos? ¡Un poco de empatía, por favor, un poco de empatía!
(Foto: http://entredimesydiretes-josito.blogspot.com)
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